Sin embargo, el éxito de la serie no solo es político, sino narrativo. A diferencia de otras distopías juveniles (como Los juegos del hambre o Divergente ), El cuento de la criada no es una aventura de acción. Es una meditación lenta y claustrofóbica sobre la supervivencia psicológica. La cámara sigue a Defred en sus tareas diarias: comprar en la tienda (donde los productos muestran fotos de los niños muertos por la guerra), asistir a los "Partos" (donde la Esposa simula dar a luz en el suelo mientras la Criada pare realmente sobre ella) o participar en la "Limpieza" (ejecución en masa de supuestos herejes).
Lejos de ser una simple historia de ciencia ficción, Atwood insistió siempre en clasificarla como "realismo especulativo". Como ella misma declaró: "No puse nada en la novela que no hubiera sucedido ya en algún lugar del mundo en algún momento de la historia". Desde los campos de concentración argentinos hasta la represión de las mujeres en los regímenes talibanes o la teocracia puritana de Nueva Inglaterra, todos los elementos de Gilead tienen un precedente real. El cuento de la criada
El cuento de la criada no es una advertencia sobre un futuro lejano, sino un análisis de los mecanismos que convierten una democracia en una teocracia. Atwood nos muestra que la opresión no llega con tanques, sino con promesas de "seguridad", "orden familiar" y "valores tradicionales". Nos muestra cómo la burocracia, la religión pervertida y la pasividad ciudadana son los verdaderos cimientos del totalitarismo. Sin embargo, el éxito de la serie no
Los personajes de "El cuento de la criada" son complejos y multifacéticos, lo que agrega profundidad a la serie. Offred, la protagonista, es un ejemplo perfecto de esto. A medida que avanza la serie, se revelan aspectos de su pasado y su personalidad, lo que la hace más creíble y conmovedora. La cámara sigue a Defred en sus tareas
Además, hay un debate sobre la raza. En el libro original, Gilead es explícitamente racista y envía a todas las minorías a reubicarse en los "Dakotas Nacionales" o las extermina. La serie, sin embargo, optó por un casting más diverso (Samira Wiley como Moira, O-T Faben como el Comandante Lawrence), lo que ha generado tanto elogios (por la representación) como críticas (por diluir la crítica al racismo del régimen).
Defensores de la serie argumentan que ese malestar es precisamente la intención: obligar al espectador a no desviar la mirada. Atwood ha defendido que el sexo en Gilead no es erótico, sino mecánico y violento, y que mostrarlo es necesario para entender la deshumanización del sistema.
La serie expande el universo del libro (que termina en un final ambiguo y académico) mostrando la resistencia activa ("Mayday"), los burdeles de Gilead (Jezabel's) y las colonias de mujeres condenadas a limpiar residuos tóxicos hasta morir.