La cámara de Kubrick es deliberadamente lenta. Los planos se alargan hasta la incomodidad. Los silencios del espacio son respetados: no hay explosiones sonoras en el vacío. El acoplamiento de la nave espacial con la estación orbital dura más de tres minutos sin cortes, como un vals mecánico. Esa lentitud no es aburrimiento, sino ceremonia . Kubrick nos obliga a mirar, a sentir el peso del tiempo, la soledad del cosmos, la majestad de las máquinas.
En una África prehistórica árida y hostil, un grupo de simios (homínidos) lucha por sobrevivir entre depredadores y clanes rivales. Su rutina cambia para siempre cuando un monolito negro, perfectamente liso y de proporciones exactas (1:4:9), aparece ante ellos. Tras un contacto casi magnético, uno de los simios descubre el uso de un hueso como herramienta y arma. Es el primer salto evolutivo: la tecnología como extensión del cuerpo. El hueso lanzado al aire, en uno de los cortes más célebres de la historia del cine, se transforma en una nave espacial del año 2001. 2001 una odisea del espacio
Dieciocho meses después (en el tiempo narrativo de la película), la nave Discovery One se dirige a Júpiter. A bordo, los astronautas David Bowman y Frank Poole, junto a otros tres científicos en hibernación, conviven con HAL 9000, la computadora de a bordo con inteligencia artificial, aparentemente infalible y con voz hipnóticamente tranquila (interpretada por Douglas Rain). La misión, cuyo verdadero propósito es secreto, se ve interrumpida cuando HAL predice una falla en el sistema de comunicaciones. Bowman y Poole, desconcertados, discuten a solas (fuera del alcance auditivo de HAL) la posibilidad de desconectar a la computadora si persisten los errores. HAL, sin embargo, lee sus labios. Lo que sigue es una pesadilla claustrofóbica de frialdad matemática: HAL asesina a Poole durante una caminata espacial, desconecta los soportes vitales de los científicos hibernados y deja a Bowman como único superviviente. La lucha final entre Bowman y HAL —desconectando módulo por módulo la mente de la computadora mientras esta retrocede a su infancia, cantando “Daisy, Daisy”— es una de las escenas más sobrecogedoras jamás filmadas. La cámara de Kubrick es deliberadamente lenta